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Algunas reflexiones en cuanto al sistema monetario

8 de septiembre de 2012 Deja un comentario Go to comments

En su reciente artículo “Revolución Permanente” Juan Barreto se refirió,
entre otras cosas, también a este tema. A continuación mis interpretaciones.

El dinero es una abstracción de valor especulativa con función de
almacenamiento. Ya en esta definición se expresa toda la problemática. El
dinero es meramente especulativo porque su cantidad nunca puede reflejar el
valor propio de las cosas o del tiempo. Simplemente porque no tiene relación
alguna con esto. Su función de almacenamiento quiere superar la dependencia
del tiempo de las instancias naturales.

Ahora, Karl Marx, en sus obras, como todos los economistas del pasado y
presente, sólo se enfocó en el valor de uso y el valor de cambio pasando por
alto la propia esencia del asunto. En primer lugar sólo tomó en cuenta la
aparencia del dinero, que es el sistema de su distribución. No se preocupó
del valor propio que se materializa mediante el trabajo. En cambio David
Ricardo en su teoría del valor del trabajo, explicó la verdadera sustancia
del dinero, dejando atrás sus apariencias.

Si conocemos los procesos productivos, podemos ver inmediatamente la
importancia del factor tiempo. En realidad es nuestro tiempo, el que
invertimos en cualquier trabajo. El estudio y aprendizaje siempre son
precondiciones implícitas para una actividad laboral. Esto lo experimentan
todos los niños al comenzar a caminar, hablar, leer y escribir, en total, al
orientarse en los diferentes mundos conceptuales.

Fue Arno Peters, quien en su trabajo “Economía de Equivalencias” se apoyó en
la teoría del valor del trabajo de David Ricardo. Ahora, Heinz Dietrich se
empeña en explotar y descuartizar con fines de lucro el trabajo de Arno
Peters. No lo puede hacer con el texto original de Arno Peters en alemán,
porque Peters rechazó tales patentes y derechos del autor. Por eso Dietrich
utiliza las traducciones de los trabajos de Peters en otros idiomas para sus
intereses egoístas.

A través de nuestras propias observaciones o la lectura de la teoría del
valor del trabajo de David Ricardo, se nos alumbra el entendimiento de los
procesos de cambio de diferentes objetos. Es evidente que es el tiempo el
que da el hombre laborando. Además está la naturaleza, porque es ella la que
nos da la materia prima, la que el hombre no puede crear. Nuestra fuerza de
trabajo también se fundamenta en la naturaleza, porque de ella obtenemos
todas las sustancias que necesita nuestro cuerpo para cualquier actividad.

Los seres humanos desde siempre realizaron trueques con aquello que sobra a
cambio de aquello que se necesita. Ejemplos para esto son los sistemas de
trueque en todo el mundo o los círculos de cambio europeos. Las relaciones
de cambio se vuelven problemáticas cuando no se basan en un principio
definido objetivamente. Ahora, aquí no se trata del cálculo exácto del
componente del tiempo, sino más bién de la actitud general hacia el propio
proceso de trueque.

Las economías basadas en el dinero ocultan estos principios por completo y
les imponen a los seres humanos un mundo virtual que existe sin fundamento
racional alguno. Esto no se debe a la ignorancia ingenua sino al muy
pronunciado interés egoísta de aquellos, que defienden el sistema monetario
con todos los medios posibles. Para propagar esta cortina de humo se sirven
de aquellos instrumentos complacientes llamadas teorías económicas, que son
nada más que religiones sofisticadas basadas en ciertos dogmas cuyas actores
son los agentes a sueldo.

Los sistemas monetarios son expresión de la estructuración elitista de
formaciones sociales. Las élites necesitan el sistema monetario, porque
ellas crean un consumo individual, para el cual no se pueden ni se quieren
responsabilizar. Mediante su sistema monetario satisfacen su necesidad de
esclavos, sea directo o indirectamente. Para mantener ese sistema en el
ámbito de la distribución hay que crear coartación donde lo más importante
es el impedimento de cualquier forma de auto-desarrollo o de auto-gestión
local. Sólo la dependencia cotidiana crea ciudadanos sumisos, dóciles y
manejables.

El motivo principal para el comercio de esclavos desde África hacia
Sudamérica era el hecho de que los pueblos indígenas no estaban dispuestos a
someterse a la opresión europea. Los indígenas tenían una economía altamente
desarrollada. Esto los hizo inmune contra toda clase de engaño por parte de
los europeos. Al fín fueron su hospitalidad, su sinceridad y su generosidad
las que los convirtieron en víctimas del engaño y de la violencia europea.

El sistema monetario existe junto a las élites desde hace 8 mil o 10 mil
años. En la vieja China existió el sistema Fei-Lun desde hace 13 mil años.
Se basaba en el crédito personal y era intercambiable, donde los deudores
eran personas confiables. Simplemente se anotaban los valores.

Hoy por hoy los sistemas monetarios son asociaciones forzadas y para que
éstas funcionen, hay que crear dependencias forzosas. Las herramientas
fundamentales para lograr esto son la eliminación o inhibición de la
independencia económica a nivel local, la apropiación y la ocupación privada
de los recursos sociales y el Estado como sistema coercivo y violento para
la aplicación de los intereses comunes, que son nada más que los intereses
grupales de las clases dominantes. Al igual que las teorías económicas
basadas en el dinero, las teorías políticas también son religiones basadas
en el dogma de la propiedad privada. Parte de ellas son los sistemas
judiciales los cuales, carentes de cualquier discurso social o colectivo,
formulan un presunto interés colectivo, que en verdad busca sólo la
legitimación de las respectivas élites, sirviéndoles como justificación de
su existencia.

Para el discurso democrático ya no queda espacio, se convierte en puro
simulacro para disimular las condiciones impuestas previamente. Esta es la
única manera de conservar las sociedades burguesas.

El fundamento para cualquier proceso de cambio en el ámbito político, social
y económico (como ocurre en la Revolución Bolivariana de Venezuela), es la
re-organización de la economía. Todo lo demás está basado en ella. Y así
concluyen mis reflexiones en cuanto al artículo de Juan Barreto. Podemos
lograr nuestra independencia sólo si creamos una economía basada en la
auto-organización local, donde abrimos los espacios para los procesos de
libre decisión y del diseño propio de nuestras condiciones de vida.

Willi Uebelherr, 08.09.2012

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Categorías:Filosofía Conceptual
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