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El socialismo basado en el sistema monetario no es posible

14 de noviembre de 2012 Deja un comentario Go to comments

Por Willi Übelherr

Debate sobre los principios del socialismo (5)

Querid@s amig@s,

pronto o tarde tenemos que preocuparnos por el sistema monetario, porque domina nuestra cotidianidad en todos los ámbitos, hasta en las más mínimas fibras de nuestra existencia. Su esencia y finalidad es su carácter especulativo el cual se refleja y se expresa incluso en nuestro pensar y actuar.

Karl Marx acuñó la frase “la existencia determina la conciencia”, que es el resultado comprimido de muchas reflexiones sobre los diversos procesos sociales. Esta verdad la podemos comprobar a diario en nuestro entorno concreto de vida. No sólo se trata de la coerción de nuestro comportamiento y actuar, sino también de nuestro pensar, que se reduce a pequeños fragmentos y patrones de reaccionar, donde se nos acordona el mundo exterior a través de cercos. Pero estos cercos sólo existen en nuestras mentes, no son reales, no existen en la realidad concreta.

Estos cercos son las restricciones de nuestro pensar, ya internalizadas, es la dogmática. Mientras que la aceptamos la autoreproducimos. Todas las religiones y teorías religiosas, como la economía capitalista, los sistemas de derecho burgueses y las teorías de estado se basan en la dogmática, cuyo centro es la legitimación de la apropiación privada de los recursos de la sociedad.

Esta es la esencia de las formas de producción capitalistas, de los sistemas de estado burgueses con su violencia, de las deformaciones teológicas del pensar, del periodismo burgués de la mentira, de la realidad mediática tergiverzada y de la estructuración elitista. Su instrumento más importante es el sistema monetario como la fibra de todo, como instancia de intervención. La ideología de la explotación, a través del sistema monetario penetra hasta en los últimos poros de la existencia social, se materializa y se autoreproduce diariamente. Las ideologías monoteístas al igual que otras teorías burguesas aportan lo suyo. Lo mismo lo hacen las instancias de la tergiverzación mediática. Pero sin la acción concreta del sistema monetario no funcionarían todos estos mecanismos.

El sistema monetario crea la base material, mediante la cual se organizan los procesos y las condiciones básicas. El congraciamiento de los ejércitos mercenarios y de la prostitución intelectual juegan un rol fundamental en esto. Todo se convierte en mercancía, intercambiable a través de un medio, perdiendo su valor propio y existiendo sólo como materialidad de una proyección.

El capitalismo financiero, es decir, la translación de la utilización del capital hacia espacios virtuales sólo es una aplicación implícita de la lógica propia. Todos los constructos internacionales del capital se basan en la esencia del sistema monetario que es la proyección de valor especulativa con la función de almacenar ese valor. Desde este punto de vista es obvio que el sistema monetario surgió al mismo tiempo que las estructuras elitistas dentro de ciertas formaciones de la sociedad, es más, en primer lugar permitió la existencia de éstas. El sistema monetario y las estructuras elitistas son los dos elementos dialécticos de la explotación.

En Venezuela se ve en todas partes. Todas las instancias del Estado actuan en base a estos elementos. Los flujos de dinero provenientes de los petrodólares hechizan a todo el mundo y penetran la sociedad hasta en sus más pequeñas ramificaciones. En vez de preocuparnos por la modelación concreta y creativo-productiva de nuestras condiciones de vida, nuestra razón de ser se ha degenerado en la adquisición de dinero. Consecuentemente se disparan el robo y la corrupción.

No es cuestión de moral o ética. Estas propiedades no nacen de sí mismas, y tampoco de la habladuría, los lemas o la fraseología teológica. La moral y la ética son expresión de una forma de existencia en harmonía consigo misma y con sus condiciones.

Las corrientes financieras de las cuales se sirven tanta gente en Venezuela, son el resultado de toda una estructura explotadora internacional. Tenemos que estar concientes de que Venezuela se convierte en actor y promotor de los sistemas esclavistas internacionales, del robo y del saqueo. Venezuela no es un enclave autónomo. En Venezuela la dominación del capitalismo criminal del imperio norteamericano, junto a sus cómplices europeos, ridiculiza todos los decires sobre un mundo justo, revelándolos como lo que son: egoismos personales e intereses individuales, en fín, pura fraseología.

El colmo de la ridiculez es cuando los ministros de Caracas vienen rodando a las reuniones políticas en Mérida, en sus tanquetas suburbanas de las marcas Ford y Chevrolet como si nada, parloteando de socialismo, dándole brillo al candidato Alexis Ramírez como un defensor a ultranza de la responsabilidad socialista. El imperialismo como forma concreta del saqueo internacional es omnipresente y no se deja barrer del mundo a través de la charlatanería.

Esta gente se convierte en complices de la esclavización activa de Asia, esta gran fábrica del planeta, donde millones de personas bajo condiciones inhumanas generan los substratos materiales que se necesitan en el mundo. Pero también en EE.UU. y Europa existen estas condiciones de la producción esclavista. En este contexto América Latina se ha mutado por una parte en una región para el saqueo de los recursos naturales y por la otra en el bazar tipo patio trasero para vender toda la basura que se produce a nivel mundial. La cultura del súpermercado se convierte en propósito de la vida, los centros comerciales en parques de diversión, como en Puerto Ordaz y en Caracas.

Toda esta decadencia y deformación intelectual la encontramos de manera concentrada, celebrada en las instituciones e instalaciones del Estado, combinada con la implementación estúpida de reglamentos y vejaciones, procedimientos carentes de sentido lógico, sólo destinados a la auto preservación egoísta.

En los Consejos Comunales al igual que en las Salas e Batalla, en todas sus discusiones en torno al Buen Vivir, en torno al mejoramiento de nuestras condiciones concretas de vida, en vez de debatir sus fundamentos, sus criterios, su esencia, se debate primordialmente cuestiones de dinero. Como si el dinero se pudiera materializar. Tampoco se interesan por ejemplo por los métodos de construcción de casas, cuestiones de la estética, las propiedades y cualidades de los materiales. Todas estas discusiones han degenerado en procesos vacíos de una cultura del consumo industrial en base de soluciones rápidas y superficiales con resultados a corto plazo.

Aquí no podemos culpar a la gente en sus entornos locales, porque siempre se le cierran las puertas, impidiéndoles soluciones naturales en base a sus propias experiencias de muchas generaciones. Esto presupone espacios de discusión libres de cualquier forma de tabuización y restricciones selectivas. Pero en lugar de esto se acumulan bloqueos y trancas tanto en el pensar interno de la gente como en sus condiciones externas, llevandoles a la desorientación y a la acción desesperada. Aquí domina el remolino de la corriente principal del status quo.

Los empleados de las instancias públicas del Estado en su mayoría son egoístas, comprometidos únicamente con sus propios intereses conservacionistas, abusando de los recursos públicos como espacios para su dominio privado, convirtiéndose en propietarios privados capitalistas, celebrando su posición jerárquica en condición de jefe. No tienen idea de la función del cargo que ocupan. Reproducen diariamente frases vacías valiéndose de términos de la jerga revolucionaria, utilizándolos como si fueran cualquier mercancía del súpermercado. Ellos son los que mercantilizan la revolución.

Esto es una gigantesca bomba de tiempo. La destrucción de la diversidad natural del ser y del pensar, la eliminación de la auto organización cooperativista, el impedimento del surgimiento de identidades locales basadas en el autodesarrollo local subjetivo. A todo el mundo lo someten a los patrones de una forma de pensar estandardizada y formalizada, construidos por los apologetas ideológicos en base de una economía de mercado.

Las reuniones y concentraciones a favor y con el candidato del PSUV a la gobernación de Mérida, Alexis Ramírez son meros eventos al estilo de un show, sin discursos objetivos y pragmáticos, donde se celebra la gritadera sin contenido, pero siempre refiriéndose a Hugo Chávez, sin que se discutan alguna vez su filosofía o sus ideas. Se traen 800 personas de todo el estado Mérida, las cuales se interesan más en sí mismas o en sus compañeros o en dónde hacen compras después del evento, que en las cuestiones en torno a su futuro. Claro, esas personas casi todas son empleados públicos, que tienen que participar obligatoriamente si quieren conservar sus privilegios dentro de sus instituciones, por más pequeños que éstos sean. Con esta campaña el PSUV demuestra una fuerza de capital que nada le tiene que envidiar a las elecciones presidenciales estadounidenses. Pero también demuestra su inutilidad.

En cambio la actuación de Florencio Porras es completamente diferente. Él se compromete con la gente en sus diferentes localidades, sumergiéndose en la realidad para entenderla. Su lema es: La gente sabe muy bién lo que necesita y nosotros le ayudamos, sólo para esto estamos. Esta actitud correlaciona con la de Hugo Chávez. La responsabilidad por la colectividad, por el auto desarrollo local, por las redes de los colectivos locales en cooperación y solidaridad, por el estado de la comuna.

Florencio Porras ha entendido muy bién lo que hay que hacer. Y la gente entiende su compromiso con ellos. Basado en las visiones de un mundo diferente, basado en la justicia y la igualdad, basado en el derecho de todos de participar en el proceso de la construcción del Buen Vivir, donde los recursos públicos y las instituciones de verdad estén al servicio de la colectividad, donde se rompe el consumismo y la esclavitud organizada y adoctrinada, donde se impulsa el auto desarrollo. Aquel auto desarrollo proveniente de nuestro hacer y pensar creativo y productivo.

Saludos,

Willi Übelherr, 14.11.2012
wube@gmx.net

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